Héctor Tineo Nolasco

Diariodominicano.com

SANTO DOMINGO, el 25 de junio de 1767, las autoridades coloniales de Santo Domingo ejecutaron la orden de expulsión de los sacerdotes jesuitas.

El día 11 de junio de 1767, en todos los territorios de soberanía española fueron apresados los jesuitas para luego ser expulsados. Como reacción a la decisión del Rey Carlos III de Borbón, algunos religiosos buscaron refugios en los estados pontificios y en Rusia.

Antes de que se produjera la disposición, los jesuitas y los dominicos mantuvieron una disputa por el control de la educación.

En el año 1538, los dominicos tenían la Pontificia de Santo Tomás de Aquino.

Los jesuitas asumieron su proyecto de educación en el año 1701. A mediados del siglo XVIII lograron que tanto el Rey Fernando VI como el papa Benedicto XIV les otorgasen la licencia de erección de la universidad que llevaría el nombre de Santiago de la Paz y de Gorjón, por habérseles adjudicado esa institución 46 años antes.

El sacerdote Antonio Lluberes destaca que dos universidades en un espacio tan reducido como el de Santo Domingo, provocarían una serie de disputas de competencia, a veces simples pleitos de frailes, que distrajeron las energías apostólicas de ambas congregaciones.

"La primera de esas disputas surgió cuando los jesuitas le negaron la categoría universitaria al "Estudio General" de los dominicos, ya que éstos no podían presentar el original de la bula de erección. Tuvo el Rey que intervenir, y el 26 de mayo de 1747 zanjó el asunto reconociendo el carácter universitario de ambos centros. Años después volvió la disputa, y ahora serían los dominicos los que querían imponer los estatutos de su Universidad a la de los jesuitas. La demanda presentada ante la real Audiencia prolongó aún más el pleito.

"No obstante las disputas, la labor de los jesuitas atrajo jóvenes de las colonias vecinas a estudiar en su universidad; construyendo los edificios más grandes de la época: su universidad, iglesia y residencia; y mantuvieron la costumbre de dedicar parte de su personal a las misiones populares. Sin embargo, la historia de los jesuitas del período colonial terminó bruscamente con su expulsión a mediados del siglo XVIII, cuando apenas se había calmado la larga disputa con los dominicos.

Al tratar de encontrar una explicación sobre la medida de Carlos III de Borbón, el sacerdote jesuita Antonio Lluberes, en su obra Breve Historia de la Iglesia Dominicana 1493-1997, anota:

"Es cierto que en dos siglos de vida, los jesuitas habían logrado éxitos apostólicos, pero también habían desarrollado una conciencia de independencia y superioridad que les creó enemistades y facilitó las críticas.

"Los atacaban ante todo los filósofos de la ilustración, pues lo consideraban la base del papado y del régimen absolutista. Sin embargo, los monarcas absolutos los consideraban demasiado independientes de sus pretensiones de control. En fin, esas ideas y sus autores conspiraron hasta lograr que en la última etapa del drama, el Papa Clemente XIV suprimiera la Compañía de Jesús en 1773".

Antonio Lluberes refiere que a fines del siglo XVIII, el Gobierno de los Borbones españoles comenzó a liberalizar la economía. Se esperaban nuevos progresos, pero un cúmulo de hechos trastornó el ritmo del progreso experimentado: las guerras imperiales con Inglaterra, las sequías de 1777 y 1780, las largas demoras del situado de México y las pestes, entre otras dificultades.

"Por si era poco, la Revolución Francesa trastocará el viejo orden socio-político y religioso de Europa y sus colonias americanas, y por eso se puede decir que a partir de 1789 se cierra una etapa y comienza una nueva historia".