POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Distrito Municipal Paya

El Distrito Municipal de Paya tiene dos formidables escudos protectores: en su lado norte la Cordillera Central y en la parte sur las aguas vibrantes del Mar Caribe.

Su tierra es altamente productiva, de cuyos surcos se extraen desde vegetales hasta apetecibles frutas tropicales y el ganado vacuno encuentra allí un espacio ideal para su fomento.

Paya fue elevado a la categoría de Distrito Municipal después de un riguroso examen de sus potencialidades como pueblo que sirve de antesala a Baní, la capital provincial de Peravia.

La Ley que le otorgó su actual condición es la número 270, publicada en la Gaceta Oficial No.9991, del 25 de julio de 1998, la cual contiene en líneas generales las razones válidas expuestas en el Congreso Nacional para transformar la antigua Sección del mismo nombre.1

Cuando se promulgó la referida ley pasaron a formar parte de Paya los sitios conocidos como Mata Gorda y Escondido, los cuales fueron convertidos en Secciones. Con ellos también quedaron en la geografía payense los parajes Los Quemados, El Retiro, Sabana Jovero, Ojo de Agua, Sabana Chiquita, Agua Mala, La Noria y otros.

Es pertinente anotar que Paya no surgió como lugar de importancia en la geografía dominicana en el 1998. Prueba de eso es que de ese territorio escribió en el siglo XIX José Gabriel García lo siguiente:

"Paya. Ensenada, más bien que bahía, pues es un placer, abierto cuyo fondo disminuye gradualmente, por lo cual tienen que fondear los buques de mucho calado a distancia de 4 a 5 kilómetros. En ella desagua el arroyo de su nombre y el río Catalina."2

Algo parecido también dijo posteriormente sobre Paya el polifacético Cayetano Armando Rodríguez, al puntualizar que como ensenada "disminuye gradualmente, razón por la cual los buques de gran calado tienen que fondear de 2 ½ a 3 millas de la costa. Es un lugar muy frecuentado como punto de carga, desembocando en él el arroyo Paya."3

Un trozo del poema La Payesa

El periodista, escritor y educador Federico Henríquez y Carvajal escribió en el año 1880 un celebrado poema de exaltación a la tierra y a la mujer de Paya, que en parte dice así:

"¡Esa es Paya! Atalaya que domina valle i río. Su sabana, verde i llana, cierra un marco: el caserío./ Con la aurora se colora del Peravia la cimera./Por la puerta, medio abierta, del más rústico bohío, con presteza, la payesa sale alegre para el río./Mariposa, candorosa, libre cruza la sabana, i en la niebla que la puebla desaparece la aldeana..."4

Alimentos para los españoles en el Siglo XVI

Por una miríada de circunstancias el paladar del siglo XVI en la Colonia La Española no estaba para macedonia de frutas o de verdura. Así se comprueba al examinar los estándares nutritivos de esa época en lo que hoy es la República Dominicana.

En diversos papeles que contienen información sobre la producción para fines alimenticios de la indicada colonia se hace constar que el valle de Peravia, donde se ubican Paya, Catalina, Carretón, Ojo de Agua, Sabana Chiquita, Agua Mala, Mata Gorda, Puerto Escondido y otras comunidades era una de las zonas abastecedoras por excelencia de comida, especialmente para las tropas y la burocracia civil de los colonialistas.

Esos datos de antaño, dejados por varios cronistas de comienzos del siglo XVI, coinciden con lo que escribió después el historiador Frank Moya Pons.

El indicado autor, en su valioso libro titulado La Española en el siglo XVI, al referirse a lo que comían los representantes del coloniaje español, dijo: "...carne de res y de cerdo, cazabe, huevos, leche, queso y yuca, además de algunos tubérculos que eran cultivados por los indígenas."5

La producción de esa parte del país estaba afincada en un ejercicio arbitrario del poder. Era básicamente obtenida por las nefastas prácticas de Las Encomiendas. Las descripciones de varios de los cronistas coloniales así lo reflejan.

En Paya como en Catalina, Carretón, Puerto Escondido, Mata Gorda y sus periferias el trabajo forzado de indígenas y negros tenían el mismo rigor que en otros lugares de América. Había su especie de huasipungu caribeño.

Aunque los esclavos taínos no se llamaban huasipungueros, como las víctimas quechuas, aymaras, mapuche, manta, huancavilca y otras etnias indígenas de algunos lugares de Sudamérica, también fueron obligados a trabajar la tierra en condición de esclavitud para producir los alimentos de las autoridades y funcionarios colonialistas españoles. Además de hacer ricos a unos cuantos a costa de perder su vida a destiempo, por los abusos de todo tipo de que eran víctimas.

El que fuera presidente de Ecuador, Luis Cordero Crespo, en su importante obra "diccionario quichua-español, español quichua", publicado a finales del siglo XIX, definió al huasipungu como una pequeña porción de tierra que el indígena labraba alrededor de su choza. "Huasi (casa) y pungu (puerta.)"6

Dentro de la literatura indigenista es importante mencionar, aunque sea de soslayo, (porque se vincula indirectamente con el pasado vivido en esta franja del país) la novela Huasipungo, de Jorge Icaza Coronel, pues ella es una radiografía, ambientada en Ecuador, pasado el ecuador del siglo XX, sobre los abusos contra la población indígena, con una vinculación a la tierra, la producción agrícola y el petróleo.7

Entre nosotros el fallecido historiador y sociólogo de gran enjundia Franklin Franco Pichardo, en su última obra, titulada La población dominicana: Razas, Clases, Mestizaje y Migraciones, se refiere a los aborígenes y la producción agrícola de esta manera:

"La desaparición de la población aborigen de La Española fue la consecuencia, en primer orden, de su super explotación de su trabajo en las minas....al igual que en las construcciones y canteras, en los predios agrícolas dedicados a la siembra masiva de la yuca, algodón, maíz...."8

Los corales que abundaban en Paya

En la zona de Paya, en un pasado no tan lejano, abundaban los corales en los espacios cercanos o adheridos a sus cuerpos de agua, fueran estos ríos o arroyos; algunos ya están extintos por factores variopinto.

En su descripción de la geología de la Región al Sur de la Cordillera Central, el geólogo y paleontólogo estadounidense William More Gabb (quien realizó una amplia labor de investigación en el país del 1869 al 1872) al referirse al territorio comprendido entre las minas de piedras calizas de El Tablazo, en San Cristóbal, hasta "el camino costanero que queda después de cruzar el lecho amplio y cascajoso del río Ocoa", puntualizó sobre Paya lo siguiente:

"En los estratos más calcáreos no son raros los corales. Estos son casi siempre de forma masiva y se registran en forma de guijarros en todas las cuencas hidrográficas que corren aguas abajo desde las colinas...He descubierto guijarros rodados de los corales del Mioceno en el Arroyo de Paya, a cuatro millas al este de Baní."9

Paya como escenario de la lucha restauradora

A Paya le tocó ser uno de los lugares donde los combatientes restauradores dominicanos se enfrentaron en condiciones muy desventajosas al poderoso ejército imperial español que, junto con renegados criollos, trataban de mantener mancillada la soberanía nacional que había sido eclipsada por el crimen que se llamó la Anexión a España.

En el Guanal de Paya, el 18 de noviembre de 1863, los anexionistas derrotaron a los restauradores, pero los intrusos no se fueron en blanco. Inmediatamente ocurrieron acontecimientos en Baní que afectaron los intereses de aquellos y el asunto no fue como indicaron en la ocasión los jefes militares españoles, quienes sostenían que los restauradores aplicaron en la zona la "tea incendiaria para satisfacer antiguas venganzas."

El Militar e historiador español Ramón González Tablas, ducho en variar la realidad de los hechos bélicos, especialmente cuando eran desfavorables a La Anexión, a referirse a la batalla que ocurrió en Paya entre los restauradores y los anexionistas, escribió que:

"... rompieron los rebeldes el fuego, sosteniéndolo por algún tiempo muy nutrido, con cortos intervalos. Contestóseles al principio, y luego se les cargó a la bayoneta con tal decisión y entusiasmo, que cuantas veces quisieron aquellos hacer el frente, fueron arrollados hasta el pueblo de Paya..."10

La verdad, certificada por los hechos, y que contradice lo esparcido por los gerifaltes militares españoles y sus paniaguados los anexionistas criollos, es que "el violento combate de El Guanal de Paya se sostuvo hasta Baní."

Juicios como los del referido González Tablas calaron en muy pocos historiadores criollos, quienes con una visión sesgada de los hechos, y teniendo como basamenta su formación extremadamente conservadora, han querido vapulear muchas de las acciones de determinados héroes restauradores.

Los enfrentamientos de El Guanal de Paya, contrario a las notas del Mariscal de Campo José de la Gándara en su obra Anexión y guerra de Santo Domingo y las opiniones de otros anexionistas, fueron correctamente analizados por Sócrates Nolasco, quien con gran objetividad y auténtico espíritu de investigador explicó el casus belli de la lucha restauradora.

La respetada opinión de Nolasco es la siguiente: "Los contraataques de los patriotas, sus embestidas, rápidas siempre y repetidas, sangraban al enemigo que con fuerzas y equipo superiores...Y se llegó al Guanal de Paya, donde pretendió Pedro Florentino detener a los enemigos de la República librando la acción infortunada mediante la cual han convertido a los libertadores en bandidos y en mala su buena causa.11

Hay que decir, en consonancia con la verdad, que Manuel Arturo Peña Batlle, en su españolismo que le hacía olvidar con mucha frecuencia su nacionalidad criolla, hasta recriminó a posteriori al citado José de la Gándara Navarro por darle sepultura al cadáver del valiente General Florentino, quien encabezó las dignas tropas restauradoras que con gran desventaja de número de combatientes y de armas combatió en Paya el referido 18 de noviembre de 1863, proyectando los enfrentamientos hasta Baní.

Parece que Peña Batlle quería que el cadáver del aguerrido restaurador referido fuera devorado por perros hambrientos, otros carroñeros o sujeto a los elementos de la naturaleza, pues no otra cosa significan, en el contexto en que las escribió, estas palabras suyas alusivas a quien luego fue Gobernador de Filipinas y senador de Navarra: "Hizo mucho con enterrar a Florentino después de muerto."12

Valga el desvío momentáneo, por la conexidad explicativa, para decir que en la historia de la pena de muerte los turcos, que desde el siglo XIII buscaban expandir su imperio por Rumanía y diferentes áreas de los Balcanes, terriblemente usaron el método del enterramiento, particularmente contra varios príncipes romanos que lo enfrentaron.13

Pero seguro estoy que la cúpula de la dinastía osmanlí, cuando cometía sus desmanes dentro y fuera de Europa, jamás pudo pensar que varios siglos después, en un lugar que para entonces por allá ni siquiera se sabía de su existencia, una brillante mente dominicana pudiera pensar casi como ellos en materia de desprecio por la vida humana, y más allá, cuando la muerte tomaba su reinado.

En apretada síntesis, hay que concluir que los escritos de los oficiales españoles La Gándara y González Tablas, así como los de los pocos dominicanos que posteriormente descansaron sus prejuicios en las opiniones de aquellos, forman un amasijo de malas intenciones con relación a la epopeya restauradora. Particularmente se impone señalar, como un ejemplo entre muchos, que ellos tergiversaron los hechos que comenzaron el 18 de noviembre de 1863 en El Guanal de Paya y concluyeron en Baní.

Sangre en Paya, a finales de 1913

Durante el gobierno del General José Bordas Valdez (comenzó el 13 de abril de 1913 y concluyó por renuncia el 27 de agosto de 1914) se produjeron varios alzamientos en diferentes lugares del país. En realidad la situación convulsa que vivía la República Dominicana no le permitió a ese ciudadano dirigir en paz los destinos nacionales.

Uno de esos puntos conflictivos fue el valle de Peravia, donde sus enemigos depusieron a las autoridades y pretendieron crear lo que en el argot militar se llama cabeza de playa.

En Paya hubo decenas de muertos, incluyendo generales y coroneles de ambas partes en contienda.

El pueblo dominicano estaba viviendo entonces una especie de mini Armagedón, para decirlo en los términos bíblicos del Apocalipsis. Antes y después han ocurrido hechos con ciertas semejanzas en la tierra donde es Protectora la virgen de La Altagracia, también conocida por los fervorosos católicos criollos como La Chiquitica de Higüey.

Para frenar esa situación el Presidente Bordas Valdez envió a la zona al temido General Zenón Ovando, quien penetrando con sus tropas por la parte suroeste de Paya, por el sitio todavía conocido como "Los Callejones de Florentino", se enfrentó a los alzados.

El historiador banilejo Joaquín Incháustegui describe la acción así: "Avanzadas revolucionarias en Paya.-No se hizo esperar el general Zenón Ovando, y el mismo día apareció en Paya presentando pleito a las avanzadas de la revolución, las cuales estaban comandadas por los generales Milongo Recio, Tomás Ignacio Castillo y José García."14

No muy lejos de Paya estaba también, en esos momentos, en acciones de combate, en defensa del gobierno del presidente Bordas Valdez, el general Remigio Zayas, el célebre azuano apodado Cabo Millo, a quien luego en una historia relatada Soto Jiménez le dedicó un capítulo en su obra Memorias de Concho Primo.

"Realmente sus atacantes lo dejaron tranquilo en el momento en que sus contrarios se percataron de que no era presa fácil. Vino testarudo de la Capital, luego de la caída de Bordas y el triunfo de Juan Isidro, para probar el perímetro virtual de sus timbales."15

La abejita de la berenjena payesa

Fue por los campos de Paya que Eugenio de Jesús Marcano Fondeur, Abraham Abud (Bambán) y otros laboriosos científicos dominicanos, especializados en botánica y entomología, descubrieron en diciembre de 1986 la abejita que poliniza la berenjena.

Fue un hallazgo importante, porque en Cuba y en Puerto Rico sí se había estudiado ya esa especie de la familia de los himenópteros, pero no en la República Dominicana.

Así recogió en el 1986 Félix Servio Ducoudray, con su estilo depurado, la plática que in situ tuvo con los ilustres descubridores referidos:

"Esa abejita es la que poliniza la berenjena, que no es planta nativa. La abejita sí. De modo que al ser traída la berenjena, ya estaba aquí esperándola la Exomalopsis la que seguramente había estado polinizando, mientras tanto, otras plantas de la misma familia de las Solanáceas, que es la familia a la que pertenece la berenjena."16

En la parte rural de Paya todavía existe el guano barrigón, muy bien estudiado por especialistas dominicanos tan eminentes como el referido profesor de botánica Eugenio de Jesús Marcano, que fue sin ninguna duda un verdadero científico.

Los dulces de Paya

El Distrito Municipal Paya puede ser considerado como la capital de los dulces dominicanos. Así lo indican la abundancia, frescura, buen sabor y en fin las propiedades organolépticas de los manjares azucarados que allí se venden.

Algunos lugareños memoriosos dicen que en Paya hace más de un siglo que comenzó el proceso de la producción de dulce, debido originalmente a la gran abundancia de leche de vaca y de diversas frutas que no tenían posibilidad de venderse en el mercado local, nacional o internacional.

Lo cierto es que en la actualidad hay en Paya al menos tres importantes establecimientos comerciales especializados en dulces de leche y de frutas tropicales que convierten el lugar en una parada casi obligada para miles de personas que transitan por la carretera del Sur dominicano.

Bibliografía:

1-Ley No. 270. Gaceta Oficial No.9991, del 25 de julio de 1998.

2-Diccionario geográfico-histórico de la República Dominicana. Insertado en el volumen 5 de sus Obras Completas. Pp 387-444. José Gabriel García.

3-Apuntes.P274. Cayetano Armando Rodríguez.

4- La Payesa, 1880.Federico Henríquez y Carvajal.

5- La Española en el siglo XVI. Editora UCMM, 1971. P186. Frank Moya Pons.

6-Diccionario quichua-español, español quichua, 1892. Luis Cordero Crespo.

7-Huasipungo.Imprenta Nacional, Quito, Ecuador, 1934.Jorge Icaza Coronel.

8-La población dominicana: Razas, Clases, Mestizaje y Migraciones. Editora Universitaria, 2012. Primer capítulo. Franklin J. Franco.

9-Sobre la topografía y geología de Santo Domingo. Impresora Amigo del Hogar, 2005. Pp184-190. William More Gabb.

10- Historia de la dominación y última guerra de España en Santo Domingo. Editora de Santo Domingo, 1974.P204.Ramón González Tablas.

11-Obras Completas.Ensayos históricos. Editora Corripio, 1994.P48.Sócrates Nolasco.

12-Papeles. Manuel Arturo Peña Batlle.

13-Historia de la pena de muerte. Alfaguara, 2005.P170. José Luis Corral.

14-Reseña histórica de Baní. Editora Búho, tercera edición, 2001.P299.Joaquín Incháustegui.

15-Memorias de Concho Primo. Editora Letra Gráfica, 2006.P443. José Miguel Soto Jiménez.

16-La Naturaleza Dominicana. Tomo 2.Editora Corripio, 2006.P392.Félix Servio Ducoudray.