Santo Domingo, 10 nov.- El Programa Solidaridad ha contribuido con la disminución del trabajo infantil en el país en los últimos años, a través de su componente de educación, Incentivo a la Asistencia Escolar (ILAE), y por medio de las corresponsabilidades que exige a sus beneficiarios.

Solidaridad cuenta con una nómina de más de 649 mil niños hijos de beneficiarios del Programa, en edades entre 5 y 17 años, los cuales son monitoreados por la institución para que se mantengan en las escuelas y abandonen cualquier tipo de actividad que les impida superarse y, de esta manera, romper con el ciclo generacional de la pobreza.

El Programa deposita todos los meses 150 pesos por cada estudiante a los hogares beneficiarios que tienen hijos en las escuelas, en edades de 4 a 21 años, y se subsidian hasta cuatro miembros de una misma familia.

De acuerdo a la encuesta ENHOGAR 2009-2010 se observa que el fenómeno del trabajo infantil en la República Dominicana ha disminuido en su intensidad, sin embargo, los índices utilizados para evidenciar su presencia, están sobre el promedio de América Latina.

Los elementos principales tomados en cuenta para establecer las estadísticas del trabajo infantil son la edad y las actividades productivas realizadas por el niño, incluyendo la naturaleza y condiciones en que se desarrollan estas ocupaciones laborales.

De acuerdo con el estudio, el número de niños, niñas y adolescentes en la producción económica suman 380 mil para una tasa de ocupación de 15%, si se toma en cuenta que la población estimada con edades entre 5 y 17 años es de dos millones y medio.

Los menores ocupados en la producción económica son aquellos que realizan cualquier tipo de actividad, por lo menos durante una hora diaria, que con edades entre 13 y 14 años desempeñan labores ligeras permitidas; y adolescentes de 14 a 17 años que desarrollan formas de trabajo no señaladas como las peores.

De acuerdo al artículo 3 del convenio número 182 de la OIT, las peores formas de trabajo infantil son: todas las condiciones o prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y trata de niños, la servidumbre por deudas y la situación de siervo.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas; y el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.