La Habana, 25 may (Prensa Latina) Si bien la economía japonesa se mantiene en la senda del crecimiento, el incremento de las tensiones comerciales, fundamentalmente, parece hacer mella en algunos indicadores de la nación asiática.

De acuerdo con un reporte reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ese país creció un 0,5 por ciento en el lapso de enero a marzo de este año, una décima más en relación con el trimestre previo.

No obstante la expansión, la tendencia de las exportaciones japonesas es decreciente y según reportes del ministerio de Finanzas, durante abril, este ámbito sufrió la quinta caída mensual consecutiva.

Las ventas al extranjeros sumaron al cierre del cuarto mes del año el equivalente a 54 mil 066 millones de euros, cifra que representa una caída del 2,4 por ciento respecto al mismo mes de 2018.

En abril las exportaciones niponas hacia China, principal socio comercial de Japón, bajaron un 6,3 por ciento anual, hasta un valor aproximado de nueve mil 988 millones de euros.

Asimismo, el propio ejecutivo japonés reconoció que la economía nipona entró en una fase de empeoramiento, según consta en su último informe mensual de condiciones de negocio, basado en indicadores clave como la producción industrial y la demanda en los principales sectores exportadores.

El ministro de Economía y Finanzas, Toshimitsu Motegi, admitió en declaraciones a la prensa acerca del impacto negativo que acarrea el frenazo de la demanda externa, los problemas comerciales y otros factores coyunturales, aunque confió en que los fundamentos de la demanda interna se mantienen sólidos.

No obstante, el consumo doméstico, sobre el que descansa el 60 por ciento del Producto Interno Bruto de Japón y sienta su fe Motegi, registró durante el primer trimestre del año registró un retroceso del 0,1 por ciento frente al periodo previo y del 0,4 por ciento en comparación con idéntico lapso de 2018.

Aunque el índice de precios al consumo subió un 0,9 por ciento interanual en abril, este dato aun se mantiene lejos de la meta del dos por ciento dispuesta por el Banco de Japón (BoJ).

El BoJ puso en marcha en 2013 un amplio programa de flexibilización monetaria para alzar los índices inflacionarios pero este objetivo se ha retrasado en varias ocasiones por motivos diversos.

Por ello, en días recientes, el gobernador de la entidad bancaria, Haruhiko Kuroda, aseguró que la entidad contempla aplicar medidas adicionales de estímulo en caso de una ralentización de los precios de consumo por debajo del ritmo deseado por el banco central.

La tendencia de la economía global y el posible impacto negativo en el gasto doméstico de una nueva subida impositiva que se aplicará próximamente en Japón suponen las mayores preocupaciones del BOJ actualmente, señaló el funcionario.

Aun cuando pareciera que la economía japonesa mantiene su robustez, es evidente que la nación no logra escapar de la guerra que actualmente entablan sus más importantes socios.

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