Denver, Colorado Estados Unidos 3 octubre.- El presidente de EE.UU., Barack Obama, celebrará su 20 aniversario de boda hoy, en medio del debate.

Ha trans- currido más de medio siglo desde que se empezaron a televisar los debates presidenciales, un formato que desde entonces ha constituido en una verdadera institución en Estados Unidos.

Sarah Palin, excandidata a la fórmula vicepresidencial en las pasadas elecciones, pasó la prueba del debate vicepresidencial con un político veterano como Joe Biden, limitándose a seguir un guión fijado con anterioridad, sin dejarse llevar hacia terrenos desconocidos.

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El presidente Barack Obama aspira a la reelección y Mitt Romney, candidato a la presidencia de EE.UU. por el partido republicano.Elpais.com.co

La extenuante campaña presidencial estadounidense, que echó a andar hace más de 18 meses, entra en su recta final con el primero de los tres debates televisados entre el aspirante republicano Mitt

Romney el presidente Barack Obama.

El encuentro será este miércoles en Denver, Colorado, y las preguntas girarán en torno a asuntos de política interior y la economía del país, según lo convenido entre ambas campañas y la Comisión de los Debates Presidenciales, órgano encargado de organizar estos eventos.

Durante 90 minutos, los electores podrán comparar a los candidatos, mientras éstos exponen sus planteamientos y procuran poner en aprietos a su contrincante, al tiempo que evitan cometer errores que pueden comprometer sus posibilidades de cara a los comicios del 6 de noviembre.

Para el estratega republicano Steve Schmidt, jefe de la campaña de John McCain en 2008, los debates, cuyas audiencias pueden rondar los 50 millones de personas, son "el factor determinante en unas elecciones presidenciales para el reducido porcentaje de votantes indecisos".

Más en un ambiente polarizado como el de la política estadounidense actual (según un sondeo del Pew Center divulgado en junio). La mayor parte de los electores no sólo ya decidieron por quién van a votar, sino que jamás contemplaría hacerlo por un oponente de su partido, de manera que el resultado final dependerá de lo que haga la estrecha franja de indecisos e independientes, que todavía son susceptibles de ser convencidos.

Aunque el presidente Barack Obama es el líder de las encuestas, la diferencia con su contrincante no es tan amplia como para considerar ganada la batalla. Mientras Romney buscará invertir la tendencia de las últimas semanas, que no le ha sido favorable, en especial desde la publicación de un video en el que se refería en términos desobligantes al 47% del electorado que apoya al actual Presidente.

En ese sentido, el debate no podría ser más propicio, considerando que el tema central de este primer cara a cara será la economía, el de mayor interés para el electorado y en el que los sondeos le confieren una ventaja.

Historia

La primera vez que una audiencia nacional tuvo la oportunidad de observar a los candidatos presentar sus propuestas y controvertir las de sus oponentes fue durante la campaña entre Richard Nixon y John F. Kennedy, el 26 de septiembre de 1960. Ambos candidatos eran excelentes debatiendo, pero lo que trascendió del careo entre ambos políticos fue una imagen: el rostro sudoroso de Nixon, quien había optado por no usar maquillaje antes de ponerse frente a las cámaras.

El contraste entre la impecable imagen de Kennedy y el aspecto desaliñado de Nixon ?algo que se explica por la diferencia generacional entre ambos? fue lo que determinó que el primero fuera considerado ampliamente el vencedor.

"Los debates no son muy significativos en términos de los sustantivos", explica Carter Eskew, asesor de la candidatura presidencial de Al Gore, "porque nada de lo que se discute tiene relevancia al llegar a la Presidencia". Pero, estos intercambios permiten descubrir rasgos de la personalidad o el carácter del candidato.

Quizás el político que mejor supo explotar esa otra dimensión fue Ronald Reagan, quien en 1980 llegó a los debates presidenciales con el entonces presidente en ejercicio Jimmy Carter en unas condiciones muy igualadas, según lo que indicaban las encuestas. En aquel entonces, como ahora, Estados Unidos atravesaba una difícil crisis económica y estaba enfrentando unas condiciones geopolíticas cambiantes. Un Reagan rebosante de confianza, optimista y seguro de sí mismo, terminó por convencer al electorado.

Cuatro años después, Reagan volvió a recurrir a su avasallante personalidad. Con 73 años, Reagan era el candidato presidencial más viejo en la historia del país, y numerosos rumores sobre su precario estado de salud circulaban en los círculos políticos. Así, una de las primeras preguntas durante el debate con el candidato demócrata Walter F. Mondale tuvo que ver con su edad.

"Le puedo prometer que la edad no va a ser un factor en esta campaña", contestó Regan; "me niego a explotar la juventud y la falta de experiencia de mi rival con fines políticos". Con esa frase efectiva, pero evasiva, Reagan neutralizó la que potencialmente sería una de las objeciones más serias a su reelección.

¿Qué esperar?

Más allá de las diferencias notables entre los dos candidatos, en estas elecciones los debates presidenciales ponen de presente algunas cosas que tienen en común. El formato, por ejemplo, no le favorece a ninguno. "Atención, porque Romney es un gran polemista y yo sólo soy correcto", advirtió Obama este fin de semana, en un repentino ejercicio de humildad que, por lo demás, resultó poco creíble.

La frase recordó a una pronunciada por uno de los asesores de George W. Bush, Matthew Dowd, antes de uno de sus debates con John Kerry (2004), quien dijo que en la política "siempre es importante reducir las expectativas, de manera que cuando las sobrepasas, tienes una buena historia qué contar".

Conscientes de las debilidades de sus candidatos, ambas campañas se esfuerzan por ensalzar las fortalezas del rival y subestimar las propias. Lo que no quiere decir que ambas no tengan un punto de razón, sobre todo en la segunda parte de la proposición.

En una entrevista, David Birdsell, decano de la Escuela de Asuntos Públicos de Baruch College, indicó que el actual presidente "escoge sus palabras muy cuidadosamente y se pierde toda espontaneidad" por lo que ciertos gestos típicos podrían dar la impresión de arrogancia y condescendencia para con sus interlocutores.

Esto último es algo a lo que el presidente debe prestarle mucha atención, dado que es bien conocido que en la Casa Blanca no tienen a Mitt Romney en muy alta estima, y eso puede traducirse en arrogancia, algo que no cuela bien en el electorado y que además encaja como un guante en las líneas de ataque de los republicanos, que han criticado la imagen de profesor que Obama suele transmitir.

Romney ha tenido que pasar por los 20 debates que se celebraron durante las primarias republicanas, por lo que llega mucho más en forma a este momento que el presidente, quien lleva casi cuatro años inmerso en la burbuja que es la Casa Blanca, en donde él siempre tiene la última palabra y nadie le discute nada.