Asesinan a las hermanas Mirabal y al chofer Rufino de la Cruz

SANTIAGO.- El 25 de noviembre de 1960,  sicarios de la dictadura  de Trujillo asesinaron a las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, y al chofer Rufino de la Cruz Lora.

Las tres damas habían ido con el señor Rufino de la Cruz Lora a Puerto Plata a ver a sus esposos que estaban presos en la cárcel de Puerto Plata, por su lucha contra la tiranía.

En el  viaje de regreso, en la carretera La Cumbre-Tamboril, en la comunidad Pedro García,  fueron detenidas junto al chofer. El grupo fue torturado y luego los asesinos lanzaron el vehículo por un precipicio para simular un accidente.

Los cadáveres fueron localizados por  campesinos de la comunidad. La primera versión que dio la dictadura es  que murieron en un accidente.

Sin embargo, las lesiones que dejaron los asesinos en los cuerpos echaron esa versión por el suelo.

Patria Mirabal Reyes, había nacido el 24 de febrero de 1924; Minerva, el 12 de marzo de 1927 y María Teresa, el 15 de octubre de 1935. Fueron sus padres Enrique Mirabal Fernández y Mercedes Reyes de Mirabal.

Minerva Mirabal, se graduó en el año 1952, de doctora en derecho de la Universidad de Santo Domingo. Desde muy joven fue una opositora a la tiranía; posición que fortaleció luego que contrajo matrimonio con el abogado Manuel Aurelio –Manolo-  Tavarez Justo, el 30 de noviembre de 1955.

Procrearon a Minú Tavárez Mirabal y a Manuel Tavárez Mirabal.

Manolo Tavárez había sido detenido en 1960 porque era el líder del Movimiento clandestino 14 de junio.

Patria, quien estuvo en prisión en varias ocasiones,  casó con Pedro González Cruz, el 26 de febrero de 1941 y María Teresa, con Leandro Guzmán el día 14 de febrero de 1958.

Al igual que Manolo Tavárez Justo, Pedro González Cruz y Leandro Guzmán, fueron apresados en el año 1960.

Una de las versiones más socorridas da cuenta de que la orden de asesinar a las hermanas Mirabal fue impartida por el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), Víctor Alicinio Peña Rivera.

El hecho causó indignación en el país y fue determinante para la caída de la dictadura de Trujillo.

Doña Dedé Mirabal, en una entrevista que concedió en noviembre de 1999, a los periodistas Félix Jacinto Bretón y Rafael Santos, con ocasión del 39 aniversario del acontecimiento, dijo que el jefe del temible y siniestro Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en el Cibao, Víctor Alicio Peña Rivera, fue el principal autor intelectual del asesinato de María Teresa, Minerva, Patria y del Chofer Rufino de la Cruz.

Sostuvo que aunque ahora Alicinio Peña Rivera pretende descaradamente lavarse las manos como Pilato, está clara su participación en el hecho.

Cuando ocurrió el crimen de las hermanas Mirabal, el 25 de noviembre del 1960, Alicinio Peña Rivera, era jefe del SIM en la región Cibao.

“Ese señor tenía 26 años cuando Trujillo lo nombró como jefe del SIM en la región, y fue por algo”, sostuvo doña Dedé Mirabal, quien se sigue residiendo en su casa paterna de la comunidad campesina de Ojo de Agua, Salcedo.

Alicinio Peña Rivera,  en libros y entrevistas ha negado tener participación en el hecho, pero a Dedé Mirabal, no hay quien la convenza de que no fue así.
        

La Dictadura de Trujillo mintió

El asesinato de tres de las hermanas Mirabal fue explicado por la dictadura de Rafael Trujillo, a través de sus periódicos y la radio, como un accidente automovilístico, pero a las pocas horas toda la población, por medio de mecanismos clandestinos, pudo enterarse de que se trató de un asesinato político.

En noviembre de 1960 era ya evidente para muchos dominicanos que la dictadura de Rafael Trujillo se estaba tambaleando.
El desembarco de los grupos armados antitrujillistas el 14 de junio de 1959 había generado dentro del país un movimiento de resistencia y hubo, por primera vez en muchos años, explosiones de bombas que los opositores al régimen colocaban en lugares públicos para generar consternación en las autoridades. Casi ninguna produjo heridos pues eran artefactos de bajo poder aunque de gran ruido. Fueron, junto con los volantes, alentando a la población a la rebelión, una forma de anunciar la protesta.

Un gran movimiento que adoptó como nombre la fecha del desembarco de los mártires de junio de 1959, afilió para luchar contra la dictadura a un gran número de personas, principalmente jóvenes profesionales de todo el país.

Era una labor arriesgada y difícil. La dictadura trujillista controlaba todos los medios de comunicación: periódicos, radio, televisión, revistas y libros. Las emisoras del exterior que transmitían, principalmente en onda corta y media para todo el Caribe, eran obstaculizadas por transmisores instalados por la dictadura que emitían ruidos en la misma frecuencia. De esta manera, a la población únicamente llegaban las informaciones que permitía la dictadura.

La correspondencia era censurada y el sistema de teléfonos y cablegrafía era controlado por el Estado.

Las personas que viajaban al exterior estaban controladas y únicamente recibían pasaportes los adictos al régimen o quienes tenían un affidávit o garantía de uno de los personeros del sistema. De esta manera, nada ni nadie entraba o salía de la República Dominicana sin consentimiento del régimen.

Fue en estas circunstancias que las hermanas Mirabal y sus esposos concibieron el movimiento clandestino 14 de Junio.

La familia

La familia Mirabal Reyes vivía en Ojo de Agua, una comunidad de Salcedo, en uno de los lugares de tierras más fértiles de toda la isla y famoso por la laboriosidad de su gente.

El padre, Enrique Mirabal, se dedicó al comercio y la producción agropecuaria. La madre Mercedes Reyes Camilo contribuyó con el esposo en los negocios familiares y concentró gran parte de su esfuerzo en la crianza de las hijas.

La primera de las hijas, Patria Mercedes, nació el 27 de febrero de 1924, y por ser la Fiesta Nacional sus padres decidieron ponerle ese nombre significativo combinado con el de la Virgen Patrona del Pueblo Dominicano. Al parecer, esta vocación patriótica y religiosa de los padres, habría de marcarle su actitud frente a la vida.

Bélgica Adela, la segunda de las hijas del matrimonio nació el 2 de marzo de 1925, María Argentina Minerva, la tercera, nació el 13 de marzo de 1926, y la cuarta, Antonia María Teresa, el 15 de octubre de 1935. En 1938, Patria, Minerva y Bélgica Adela, conocida como Dedé, fueron enviadas a estudiar al colegio Inmaculada Concepción, en La Vega.

Luego, cuando las hermanas llegaron a la Universidad de Santo Domingo se encontraron con la efervescencia de los movimientos contra la dictadura que se produjeron en esos años y con el surgimiento del Partido Socialista Popular (PSP), un fermento que habían dejado entre los jóvenes los inmigrantes españoles que habían llegado en 1939 refugiados de la Guerra Civil.

Un interés particular del dictador Trujillo por Minerva Mirabal trajo a la familia graves problemas, porque la joven rechazó y hasta se burlaba de los galanteos.

El padre, porque también se oponía a estas pretensiones, debió aguantar malos tratos, humillaciones y hasta prisión. Finalmente, Enrique Mirabal murió el 13 de diciembre de 1953.

La conspiración

Patria se casó con Pedro González, Minerva con el doctor Manuel Aurelio (Manolo) Tavárez Justo, a quien había conocido cuando estudiaban en la universidad, Dedé se casó con Jaime Fernández, María Teresa se casó con el ingeniero Leandro Guzmán, a quien también conoció en la universidad.

Muchos de los amigos de la universidad cayeron prisioneros luego que la dictadura decidió eliminar ese primer movimiento de oposición consentida de mediados de la década de 1940.

Estando en Santo Domingo a finales de 1959, en la residencia del doctor Guido D’Alessandro Tavárez, primo de Manolo, fue que el grupo de hermanas con sus esposos decidieron integrar un movimiento para destruir la dictadura. Al parecer la propuesta salió de Minerva, de acuerdo con muchos de sus biógrafos y versiones ofrecidas por parientes. Rápidamente prendió.

La resistencia

La dictadura, que llegaba ya a los 30 años, había envejecido y sus métodos se habían hecho horrorosamente más crueles que nunca, sobre todo a partir de la abierta actuación del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) bajo el mando de Johnny Abbes García.

El campo para desarrollar la resistencia estaba fértil y el movimiento se extendió con facilidad por todo el país. La mayor parte de los integrantes de esta resistencia eran jóvenes profesionales, muchos de ellos hijos de antiguos colaboradores del régimen trujillista.

De acuerdo con versiones ofrecidas por los colaboradores, una de las estrategias elaboradas por los organizadores fue que si alguien era arrestado y estaba compelido a delatar a compañeros, debía involucrar a la mayor cantidad de personas posible, fueran o no revolucionarios, dando sus nombres como si revelara los de miembros del movimiento.

El objetivo era utilizar la represión de la dictadura como un arma en su contra. Al parecer fue una buena idea. Cuando el movimiento fue delatado comenzaron los arrestos y las torturas en las cárceles organizadas especialmente por la dictadura para reprimir, en las que se usaron los sistemas más crueles.

PRESOS

A finales de 1960 el volumen de los prisioneros era tan grande que la dictadura se asustó. La Iglesia Católica lanzó la Carta Pastoral que conmovió la Nación el 21 de enero de 1961 y el régimen sintió un sacudimiento desde sus cimientos.

Fue así como a principios de 1961 fueron liberados la mayor parte de los prisioneros en un acto en el estadio Quisqueya.
Únicamente permanecieron prisioneros los que se consideraba más peligrosos, como eran los esposos de las hermanas Mirabal. El grupo fue liberado tras la muerte de Trujillo, justo siete meses después del horroroso crimen que conmovió a la Nación.

Conmemoración

El suceso y el juicio alcanzaron titulares en la prensa mundial. Finalmente en 1981 durante el Encuentro Femenista Latinoamericano en Bogotá fue escogida la fecha del 25 de noviembre como el Día de la Lucha para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Asimismo, en 1999 la 54 asamblea de las Naciones Unidas adoptó la fecha para darle dimensión global a este programa de preservación de los derechos de las mujeres que fue concebido por el organismo en 1993.

CONMOCIÓN NACIONAL

El 27 de noviembre de 1959 los diarios de la dictadura publicaron la noticia sobre la muerte en un accidente de tránsito en la montañosa y peligrosa carretera de Puerto Plata, en un punto denominado La Cumbre, de tres de las hermanas Mirabal y el conductor del vehículo Rufino de la Cruz.

Pero, aunque los esbirros de la dictadura que habían cometido el crimen pensaron que se trataba de un paraje aislado y solitario ideal para el crimen, hubo testigos.

Un campesino que, usando un radio de pilas rezaba el rosario que escuchaba por radio poco antes de la siete de la noche, oyó el ruido de los vehículos que se detuvieron y los gritos de las mujeres.

Vivía este testigo a corta distancia, en una pequeña colina próxima a la carretera. Pudo observar la emboscada como desde un balcón. Todo cuanto aconteció lo grabó en su memoria y luego fue el principal testigo de cargo contra los asesinos que resultaron ser ejecutivos del tenebroso SIM. Únicamente uno de los asesinos, tocado de un gran sombrero y que viajaba en Mercedes-Benz, no pudo ser identificado por este testigo de excepción.

Las tres mujeres viajaban en un pequeño yip que conducía Rufino de la Cruz, un hombre humilde, agricultor y chofer, que tuvo el valor de mantenerse junto a esta familia “vajiada” por ser antitrujillista, un estigma en esos años de terror que por lo regular hacía que amigos y parientes se alejaran.

Los esposos de las tres habían sido trasladados de cárceles en Santo Domingo a la de Puerto Plata. La ruta del valle del Cibao a la llanura del Atlántico es a través de caminos tortuosos entre las montañas de la cordillera Septentrional. Una zona apropiada para las emboscadas.

Tras la caída de la dictadura, cuando era juzgado en un tribunal, uno de los sicarios, Ciriaco de la Rosa, describió la escena que horrorizó a la Nación: “Después de apresarlas las condujimos al sitio cerca del abismo, donde ordené a Rojas Lora que cogiera palos y se llevara a una de las muchachas.

Cumplió la orden en el acto y se llevó a una de ellas, la de las trenzas largas (María Teresa). Alfonso Cruz Valerio eligió a la más alta (Minerva), yo elegí a la más bajita y gordita (Patria) y Malleta, al chofer, Rufino de la Cruz. Ordené a cada uno que se internara en un cañaveral a orillas de la carretera, separadas todas para que las víctimas no presenciaran la ejecución de cada una de ellas.

Ordené a Pérez que permaneciera en la carretera a ver si se acercaba algún vehículo o alguien que pudiera enterarse del caso. Esa es la verdad del caso. Yo no quiero engañar a la justicia ni al pueblo. Traté de evitar el desastre, pero no pude, porque de lo contrario, nos hubieran liquidado a todos”.

Además de de la Rosa, participaron en el crimen Ramón Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio y Emilio Estraba Malleta del SIM. Malleta, un refugiado cubano, había laborado para la dictadura de Fulgencio Batista y escapó tras la llegada al poder de Fidel Castro, el primero de enero 1960.