Mario Rivadura
En días recientes, comentamos la gestión encaminada por nuestro embajador en Washington, licenciado Aníbal de Castro, ante las autoridades norteamericanas gestionando la entrega de mayores recursos al país para enfrentar el narcotráfico. En esa oportunidad, de Castro advirtió que ya el peligroso cartel mexicano de Sinaloa está operando en el país, con ramificaciones establecidas en la región del Cibao, principalmente en Santiago, La Vega y Jarabacoa. El diplomático recordó además que la lucha contra el narcotráfico es una responsabilidad compartida.
Se tenía la esperanza de que el gobierno norteamericano incrementara el flujo de ayuda al país para enfrentar el flagelo, como principal interesado. No olvidemos que los Estados Unidos, con entre 25 a 30 millones de consumidores habituales, constituyen el mercado más atractivo para los carteles de la droga. De hecho, esa realidad más la circunstancia fortuita de ocupar nuestro país un enclave geográfico estratégico propicio para el suministro de estupefacientes a ese mercado, vía la cercana Puerto Rico, nos ha involucrado en una situación en la que no estaríamos envueltos de no mediar esos factores.
Lamentablemente no ha ocurrido así sino todo lo contrario. Al ser cuestionado por los periodistas que cubren la fuente de la Junta Central Electoral durante una visita realizada al organismo y ser abordado el tema, el embajador norteamericano, señor Raúl Izaguirre, dijo que los Estados Unidos reducirán el flujo de ayuda a la República Dominicana para enfrentar el narcotráfico.
Esta declaración, que equivale a una negativa rotunda al pedido de nuestro embajador en Washington, fue seguida por otra que por sorprendente y contradictoria, no deja de originar asombro. Esto así cuando el señor Izaguirre dijo que su país está satisfecho de la cooperación brindada por el nuestro para combatir el tráfico de drogas, pero que en lo adelante tendremos que ser "más eficientes y dedicados". El contrasentido es más que evidente. Por un lado, elogios y a continuación, críticas ya que si tenemos que ser "más eficientes y dedicados" es una señal de que no lo hemos sido hasta ahora en medida suficiente.
En la lucha contra el tráfico de estupefacientes, principalmente la cocaína y derivados como el crack, los Estados Unidos han invertido ingentes recursos. El Plan Colombia ha absorbido miles de millones de dólares y una cantidad igualmente importante, quinientos o más millones de dólares, a través del Plan Mérida, en tratar de frenar el paso de la droga proveniente de Suramérica por el corredor centroaméricano hasta México para finalmente posicionarse en las calles de Los Angeles, Chicago, Nueva York y prácticamente toda la amplia geografía de Norteamérica.
Nuestro país, por el contrario, ha recibido una ayuda muy escasa. Contando con limitados recursos y con grandes necesidades que cubrir, hemos tenido que dedicar recursos vitales, más allá de nuestras posibilidades, para hacer frente a una situación de la que más que responsables, somos víctimas. Tan solo la adquisición de los aviones Tucanos a Brasil involucró unos cien millones de dólares para poder frenar lo que el anterior embajador norteamericano Hans Hertell, calificó de "bombardeo de drogas" sobre nuestro territorio.
La lucha contra el narcotráfico por la parte que nos toca, resulta muy desigual. La Dirección Nacional de Control de Drogas dispone de un presupuesto tan precario que un solo decomiso de cocaína de cierta importancia tiene más valor que los recursos que recibe el organismo en todo un año. El enfrentamiento como hemos señalado en otras ocasiones es disparejo y "a mano pelada".
Por desgracia, no hay opciones. Con una ayuda reducida por parte de los Estados Unidos, el combate resultará todavía más desigual. En este sentido, no le falta razón al embajador Izaguirre. La única opción consistirá en ser "más eficientes y más dedicados", un reclamo que también cabe aplicar a su propia, poderosa y amiga nación para tratar de reducir su mercado interno de consumo. Que si ese mercado no existiera, ni ellos, ni nosotros confrontaríamos los problemas que nos ha traído aparejados el narcotráfico: aumento de la criminalidad y la corrupción y niveles mucho más elevados de inseguridad ciudadana.
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EL TIRO LARGO DEL VIERNES
Mario Rivadulla
10, 02, 12