Por Manuel Hernández Villeta
Los programas de gobierno, en las campañas electorales, son simples fantasías tejidas al momento. Más bien es una conveniencia para satisfacer las inquietudes de grupos profesionales e intelectuales.
Al gran pueblo le tiene sin cuidado eso de programa de Gobierno. Sabe que a él se le van a aplicar líneas políticas de acuerdo a las necesidades reales del país.
Lo saben también los profesionales y los intelectuales, pero como a estos sectores no les gusta el baño de pueblo, no van a ir a una marcha a escuchar al candidato, por lo que le invitan a sus almuerzos.
Lo ideal sería que cada candidato tenga un real programa de gobierno, como se estila en sociedades desarrolladas, como la norteamericana o en Europa.
Pero en la República Dominicana hay que gobernar con una cartilla del día a día. Las medidas se aplican de acuerdo a las necesidades del momento.
Se dirá que eso es improvisación. Pero lo normal de nuestro desarrollo es que se gobierne hoy por hoy, y los planes quinquenales en la cabeza de los teóricos.
La realidad de los salones acolchados, los sacos de última moda y las mujeres perfumadas, es atípica, porque los que están allí son culpables de la crisis, y la pueden resolver.
Los cuadros de desamparo que tiene la población dominicana parten de malos gobiernos, pero el gran responsable se queda en las sombras, buscando inocencia, y es el gran empresariado.
Esos conglomerados que solo se dedican a atesorar riquesas, y que se les importa la suerte de sus trabajadores o de la comunidad en general, son los primeros farsantes, son los que obligan a que no haya verdaderos planes de gobierno, y se actúe sobre la marcha.
El mejor plan de gobierno, escrito o en el aire, será el que dé de comer a los pobres, garantice escuela a los analfabetos, centros de salud para los enfermos, y sienta las bases de un futuro de justicia social.
Eso no se logra con papeles ni con promesas, sino trabajando día a día, de acuerdo a como vayan las necesidades nacionales. Lo saben todos, pero les gusta jugar con la verdad.