Mario Rivadulla

Pocos delitos resultan más repulsivos que el de la violación de menores. Son tan indignantes que hasta los propios presos que cumplen sanción, inclusive por hechos horrendos, mantienen un singular código de rechazo y castigo a los violadores. A estos, por lo general, les aplican duras golpizas cuando llegan a los recintos carcelarios y no son raras las ocasiones en que son sometidos a un ritual de violación masiva.

Los feminicidios, que día tras día, enriquecen su trágica cosecha de muerte, han acaparado el interés de la opinión pública en forma creciente. Gran parte de esta focalización y toma de conciencia sobre el tema, se debe al trabajo intenso que han venido desplegando numerosas organizaciones de la sociedad civil reclamando acciones más enérgicas por parte de las autoridades para frenar esta especie de epidemia de muertes, que más que pasionales lucen enfermiza expresión de una torcida cultura machista.

Llamar la atención de manera insistente y demandar poner bridas a esta orgía de mujeres asesinadas por sus parejas, incluyendo a veces los propios hijos e hijastros y otros parientes de la víctima, se entiende y justifica. Arropa, sin embargo y le disputa atención a esta otra no menos preocupante situación que es el abuso sexual a menores que se registra en el seno de nuestro medio, donde cada vez resulta más notoria la pérdida de valores y más frecuentes estos actos de perversión.

Esta misma semana nos aporta varios ejemplos ocurridos con diferencia de pocas horas. Veamos.

Un desalmado utilizó Facebook para contactar a dos menores de 13 y 14 años, a las cuales fotografió desnudas y luego obligó a tener sexo bajo amenazas. La difusión en el sector donde residen de las tomas de ambas niñas sacó a relucir el hecho y llevó al apresamiento del responsable.

En Jarabacoa, otro degenerado asaltó a una menor de 10 años con fines de violarla. Por suerte, los gritos de la víctima atrajeron a varias personas frustrando el salvaje intento.

Pero fue en San Juan de la Maguana donde se registró el hecho más vergonzoso, cuando un individuo penetró cuchillo en mano en la casa de la abuela de su propia hija de apenas 15 años y obligó a esta a tener sexo con él.

¿Casos atípicos, singulares, infrecuentes? Todo lo contrario, son dramas que se repiten a diario y que en la mayoría de los casos involucran a familiares de las propias víctimas o a personas del entorno familiar. Situaciones por otra parte, que por lo general, escapan sin sanción porque en la mayoría de los casos las denuncias por abuso sexual son retiradas en el camino. En unos casos, los familiares de la víctima llegan a un arreglo económico con el violador. En otros, prefieren no denunciar el hecho por vergüenza y temor al qué dirán o a represalias por parte del violador,

Las violaciones a menores y la misma prostitución infantil que involucra a miles de niños las más de las veces obligados o impulsados por sus propios progenitores, al igual que las agresiones de género son parte de la violencia intrafamiliar que se estima afecta a no menos de entre el 60 y el 80 por ciento de los hogares dominicanos. Son también expresión de graves torceduras culturales y conductuales por parte de sus autores, de pérdida o total ausencia de principios y valores en que se asienta la convivencia civilizada y sobre todo, de la profunda crisis que afecta a la familia dominicana y la sociedad en general, donde la violencia social se manifiesta en múltiples formas y supera con mucho el auge de la criminalidad.

Y por ese sumidero moral más que por los efectos de la crisis global de la economía y los devaneos, chismes, excesos y piruetas políticos o cualquier otra razón, es que se nos puede ir a pique este proyecto imperfecto de nación en que nos desenvolvemos.

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CADA NOCHE, de lunes a viernes, a las 8 en punto, TELEDEBATE por el Canal 23, Telefuturo, con Mario Rivadulla, Dilenia CrLA REFLEXION DE HOY

"Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación"(Proverbio árabe).