Dr. Bienvenido Segura*

El parto prematuro había sorprendido a la madre y la criatura comenzó a sufrir dentro del vientre de la preocupada mujer que añoraba ver con vida a este nuevo ser.

No lloró al nacer y su corazón bradicárdico apenas se auscultaba. El frio le invadió cuando sus pulmones no se expandían por la inmadurez de sus células y tejidos.

La cianosis central no cedía y su peso no se correspondía con la edad. Su piel azul era muy fina y respiraba con mucha dificultad.

Con el paso de los días, la criatura mejoró su estado de salud y en pocas semanas ya estaba en su hogar recibiendo el calor de la pobreza y el amor de la familia. La lucha contra la muerte apenas comenzaba.

Una cardiopatía congénita cianógena tipo Tetralogía de Fallot le impedía vivir bien. La criatura se cansaba a los pocos instantes de iniciar la alimentación y su sangre no recibía la cantidad suficiente de oxigeno.

Las crisis anoxemicas se sucedían unas tras otras, lo que motivaba visitas frecuentes a la emergencia del centro de salud del lejano pueblo. Se dice, que murió más de una vez.

Las esperanzas de sobrevivir a aquel quebranto eran mínimas, porque el costo del tratamiento era muy alto y la familia apenas conseguía dinero para mal comer.

En verdad, el caso era muy complejo y la solución debía darla un centro de salud de alta capacidad resolutiva al que ellos no tenían acceso.

El azul de su piel llamaba la atención de la gente del barrio y generaba en ellas un fuerte sentimiento de solidaridad hacia la diminuta y delicada criatura, pero nada podían hacer.

La impotencia y la frustración acompañaban por todas partes a los padres y a los abuelos ante la imposibilidad de lograr devolverle la salud a su bebé.

Tras muchos años de penurias, preocupaciones y tristezas, un ángel tocó la puerta de la casa de madera que servía de abrigo a los sueños de vida y esperanza.

Pocos días después, un equipo de cirujanos cardiovasculares abría su pecho y al corazón azul le corrigieron sus defectos. A partir de ese momento una sonrisa rosada adornó su rostro y el manto de la salud cubrió su vida.

Una vez más, el alma noble y solidaria de Félix Bautista había sido guiada por una luz en el camino por el que transitaba esta pobre familia que en sus brazos cargaba un corazón azul.

Dr. Bienvenido Segura*

Santiago Rodríguez, R. D.

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Santiago Rodríguez, R. D.

23 de noviembre del año 2014.