Por Narciso Isa Conde

Marcha Verde-MV es por su meta principal (fin de la impunidad), sus luchas y composición un enorme movimiento político-social, en el que confluye una gran diversidad de movimientos sociales, corrientes del pensamiento político y ciudadanía independiente. Es un movimiento político, no partidista.

No recuerdo en la historia reciente del país la existencia de algo así, que además haya concitado un respaldo del 85% de la población, tal y como lo confirma la reciente Encuesta Gallup-Hoy.

Esa misma encuesta registra que solo el 46% de las opiniones captadas comparte la convicción de que el movimiento verde logrará sus objetivos. Y esa cifra, aunque relativamente importante, expresa una alta desproporción entre apoyo y expectativas de logros concretos.

Adelanto la idea de que esos límites en las expectativas, tienen a mi entender mucho que ver con la existencia de un sistema institucional que sirve a la corrupción desde todas sus instancias (Presidencia, Congreso, Sistema Judicial, mecanismos electorales, instancias fiscalizadoras, policía, fuerzas armadas, DNI, DNCD, partidos tradicionales...) y que garantiza impunidad a los jerarcas de la corrupción y sus comparsas.

A eso se agrega la existencia de una cúpula empresarial, con componentes transnacionales y locales, asociada a la dictadura institucionalizada (basada en la Constitución del 2010 y regenteada por el PLD y asociados, y la oposición corrompida) y a las mafias políticas y militares.

Así las cosas, una parte importante del común de la gente aprecia como imposible ponerle fin a la impunidad en el marco de este sistema, respetando sus instituciones y limitándonos a presionarlas con marchas multitudinarias; a lo que todavía se circunscribe MV, que a su vez lleva a no pocos de sus simpatizantes a una actitud escéptica, que es preciso superar.

MV ha crecido espectacularmente en poder de convocatoria, pero le falta crecer en contenido político transformador, en propuestas alternativas a este blindaje institucional y en compromiso articulador de las innumerables luchas en expansión.

Todavía carece de una estrategia que dé respuesta a esa obstrucción. Y esa indefinición crea confusión, frena el desarrollo de la conciencia política contra la corrupción y la impunidad como sistema y se traduce en un conservadurismo que impide potenciar la indignación popular en su contra.

Su futuro victorioso dependerá sobretodo de su determinación de destituir a los que detenta ese poder, mostrando no solo capacidad para marchar en grande, sino también para paralizar el país, quebrar la obstrucción institucional y crear lo nuevo mediante una Constituyente Soberana electa por el pueblo (El Nacional, domingo 7-10-2018, Santo Domingo RD.).