Por Manuel Hernández Villeta

Traer por los cabellos el tema de la biblia en las escuelas, es una falta de tacto, una ausencia de visión política, e integrar un agente que desune a la familia dominicana, cuando lo que se necesita es la unidad para hacer frente al hambre, la miseria espantosa, la corrupción y todos los males que carcomen a la sociedad.

El tema de la enseñanza religiosa en las escuelas tendrá que venir en este siglo 21, donde surgen nuevos parámetros en las relaciones personales y comunitarias, donde los jóvenes nacidos o formados en las últimas decadas tienen como su dios al internet y las redes sociales.

El menor de los males que pueden padecer los dominicanos es que el tema de la biblia forme parte del compendio educativo. De hecho el listado de libros y materias que hay en la escuela es atrasado y tomado a la ligera. Nada debe ser excluido de las aulas, ni la biblia, ni la educación sexual, ni el materialismo dialéctico, ni el análisis de las revoluciones del siglo XX que cambiaron el curso de la humanidad.

Levantar el tema de la exclusión de la biblia en las escuelas auto-excluye a los religiosos del debate nacional, cuando sus creencias no son el principal mal de la sociedad. Pueden subsistir materialismo y cristianismo, beatos y ateos, si se busca lo unitario y no lo excluyente.

Lo que se tiene que vislumbrar es que todas las corrientes de pensamiento tienen que ser incluidas en las escuelas. Son los hombres y sus manipulaciones los que fallan, no los escritos bíblicos, o la difusión del viejo marxismo. Grandes tareas de exterminio social fueron aplicadas por falsos religiosos y papas ligados a la barbarie, pero en ningún versículo bíblico se planteó el extermino de una raza, la violencia de las Cruzadas, o el criminal acto de posicionamiento de los conquistadores españoles en el encuentro de las dos razas o culturas,

El hombre no se entroniza en el poder, o se sumerge en la pobreza, por un versículo, sino por la posesión económica, por la ley del más fuerte, por la mala utilización de la armas, por un caudillo erigirse en señor de horca y cuchillo que conduce a la mayoría al matadero.

Fueron curas hipócritas y sin moral los que apoyaron a Trujillo durante tres décadas. Fue una iglesia de block y una utilización perversa de las creencias. Los pobres no llevan bajo el brazo ni el librito rojo de Mao ni la biblia, sino sobre los hombros su carga de miseria y un explotador común.

El principal síntoma de una sociedad libre es que cada quien pueda externar públicamente y sin presiones su opinión. Esto enriquece el debate. Pero las ideas se deben combatir con ideas y no con presiones partidistas momentáneas que pueden retrasar programas de lucha porque separan, en vez de unir.

Ya están sobre el tapete nuevos ingredientes existenciales del siglo 21 y los dominicanos los veremos en los próximos años. Pero ninguno de ellos se torna esencial en la lucha por un mundo mejor, donde se acabe con la vil explotación del hombre sobre los ciudadanos. Hoy la lucha debe ser por el justo equilibrio de las riquezas, que se ponga fin a vil explotación de empresarios y familias tradicionales y sobre todo que podamos vivir en un régimen de derecho con libre expresión del pensamiento. ¡Ay!, se me acabó la tinta.