Por Manuel Hernández Villeta

La fijación de las primeras externas coloca a Leonel Fernández agarrado de las sogas. De forma sabia aquilato el golpe y aceptó diplomáticamente lo que, de enfrentarlo, habría sido una derrota política. Pero en el terreno del partidismo, cuando se da un paso atrás, el contrario agita la marcha.

Dice Leonel que se tomó una decisión de consenso, y que el criterio que había siempre fue uno de tipo legal, no que si fuera cerrada o si fuera abierta, era la legalidad y la constitucionalidad.

Danilo Medina tiene mayoría en los organismos direccionales del Partido de la Liberación Dominicana y el repliegue de Leonel indica que él lo sabe. Faltando tanto tiempo para la fecha de escoger al candidato, este no es el instante de dar pleitos definitivos.

Sin embargo, el retraso de Leonel en determinar su futuro, dentro o fuera del PLD, lo puede catapultar o enterrar. La decisión de la reelección es la opción hasta ahora no constitucional de Danilo, y va a jugar con ella de acuerdo a su tiempo y sus circunstancias.

En el PLD no caben los lideratos de Leonel y Danilo. Uno de los dos tendrá que bajar la bandera de combate. Para el sector leonelista lograr una candidatura presidencial tendría que apabullar a los danilistas. En política todo es posible.

En la última reunión de los organismos direccionales del PLD se mostró indetenible la línea danilista. Leonel, como si fuera un boxeador que ha recibido un directo a la mandíbula, se posó sobre las cuerdas, a la espera de conseguir el segundo aire, y que no le cuenten diez. Pero el horario regresivo va corriendo.

Hay vida política y opción de poder fuera del PLD. Los grupos opositores están dispersos, en reflujo, con líderes llenos de ego, queriendo ser timoneles, cuando no pasan de ser generales sin tropas. Para levantar una fuerte oposición hay que dejar el personalismo, las ñoñerías, y darle el mando a un solo líder. No a un mesías, sino a un conductor de masas.

El problema de la República Dominicana no es de figuras providenciales, ni siquiera de programas de gobierno que se diseñan en el papel, pero ni sus redactores y panfletarios creen en ello. Lo importante es quien tenga un machete para romper con los nudos que nos atan al subdesarrollo, al hambre, a la miseria, a la exclusión social.

Ninguno de los cuatro partidos mayoritarios tiene de vista al pueblo una línea clara para hacer frente a las grandes injusticias sociales. Esto abre puertas a figuras que pueden vender el aire de providenciales, y agentes de cambios, cuando no pasan de ser títeres del sistema. Ya tenemos el reciente caso de Brasil.

De aquí al día de las votaciones habrá calientes luchas políticas, divisiones, derrotas y triunfos. Lo malo es que las grandes masas solo ven este carnaval desde la barrera, mientras que su miseria los sumerge en la desesperanza. ¡Ay!, se me acabó la tinta.