Por Manuel Hernández Villeta

El plomo y los barrotes no paran la delincuencia. La muerte y la prisión es una acción inmediata, pero no resuelve el problema. A los delincuentes curtidos no les ablandan ni la cárcel ni el intercambio de disparos. Cae uno y se levanta otro. Hay que pensar en las medidas sociales generacionales.

El tiempo es indetenible. El muchacho de diez años, en cinco estará listo para entrar a las pandillas y el sicariato. La madre adolescente soltera parirá un niño que en 16 años será carne de presidio o de ajusticiamiento. Es la espiral de la miseria, que tiene en la delincuencia y los excesos una de sus principales manifestaciones.

Las violaciones a la ley se dan en todos los estamentos sociales, pero las cárceles están repletas de jóvenes excluidos, que nacieron en barrios marginados y delinquieron por diferentes razones. El delincuente tiene que pagar por sus hechos, pero los responsables sociales tienen el deber de buscar circunstancias y hechos que le empujaron a la calle violenta.

Durante años se vendió la idea de que las prostitutas eran alegres. Ron, cigarrillos, propinas, cada jornada un amor distinto y una vida que germina en la noche y descansa en el día. Los estudios modernos con prostitutas han demostrado que vender el cuerpo era la única forma de ganarse la vida.

Prostitución y delincuencia van hermanados, son productos del mismo barro putrefacto y de las imperfecciones sociales. Hay que corregir esas distorsiones para salir del problema.

Desde luego la justicia y los organismos de seguridad no se pueden cruzar de brazos. Tienen que cumplir con su misión. Hay que investigar a los sospechosos y llevarlos a la justicia. La única forma de poder determinar inocencia o culpabilidad es en un juicio oral, público y contradictorio.

En la República Dominicana no hay pena de muerte, por lo tanto no se puede aplicar acción letal en los llamados intercambios de disparos. No es atar las manos de los agentes. El que le haga frente a un hombre de seguridad debe ser sometido a la obediencia, aun a costo de su vida. Pero hay un protocolo sobre como detener a un hombre y someterlo a la justicia.

Cientos de presuntos delincuentes han sido golpeados por el plomo de los intercambios de disparos en los últimos años. Nada ha parado el micro tráfico de drogas, el sicariato, los hechos de violencia. Eso indica que el método puede ser efectivo, pero no se va a eliminar el núcleo central de donde sale la podredumbre humana.

Somos realistas. Hay veces que el remedio social, es el plomo. Hay delincuentes incorregibles, que no soportan ni cárcel ni a las autoridades. Si enfrentan a los organismos de seguridad no se les puede invitar a saborear un helado. El camino es responder con la misma violencia en que son atacados. Pero hay un protocolo para detener a una persona cuando se puede poner en peligro la vida de inocentes, y sobre todo que los auxiliares de la justicia deben apresar para llevar a los tribunales y no tirar para mandar al cementerio. Para reducir la delincuencia debe haber cárcel, plomo y seguridad social. ¡Ay!, se me acabó la tinta.