Por Manuel Hernández Villeta

Haití es un país neo-nato. Visitar a ese territorio es ver el abandono total. En las calles se hacen las necesidades vitales. Dormir, las fisiológicas, cocinar y vivir. El hambre, el abandono, la miseria extrema, dejan ver a un conglomerado que no encuentra fuerzas para subsistir.

En Haití se carece de instituciones, la mayor parte de la población no tiene facilidades para alfabetizarse, los hospitales solo pueden atender a la minoría que vive en las ciudades. Puerto Príncipe no ha sido remodelada después del terremoto.

Si pasamos revista a ese panorama dantesco de Haití, se comprenderá que será difícil, casi imposible, detener la migración ilegal hacia la República Dominicana. Los haitianos ven llegar a este país como su inmediata salvación. Los dominicanos que viven también con su carga de miseria no pueden echar sobre sus hombros la crisis haitiana.

La fragilidad de las autoridades dominicanas de siempre ha permitido esa masiva invasión pacifica que ahora mismo tiene niveles inalcanzables. Hay que deportar a los haitianos ilegales, y permitir únicamente una cuota de los que se puedan dedicar al trabajo y tengan su reglamentación en orden.

Nuestros problemas es controlar la migración ilegal. Las protestas que tienen lugar en Haití son una responsabilidad de ellos. La convulsión social que comienza a sacudir a Haití no es nuestro problema. Con todo su atraso es una sociedad soberana e independiente, cuyos habitantes pueden tomar el camino que mejor le convenga. Lo que se tiene es que poner control para que los desesperados por los alcances de los problemas sociales, no salgan en estampida hacia el país.

La crisis haitiana no puede ser solucionada con grupos de paramilitares ni con la construcción de un muro. Por más nacionalistas que sean, la creación de grupos que dan la impresión de que son para-militares no va solucionar el problema. Actuar a las sombras de las leyes, podría traer consecuencias internacionales de condena al país.

Es inaceptable plantear la construcción de un muro para dividir a los seres humanos. Lo que se tiene que aplicar es lo que dicta la Constitución. La simple persecución es una ofensa de lesa humanidad, Soy contrario a muros. Lo único que se tiene que levantar es la aplicación de la ley.

Además, un muro no significa que se va a controlar la migración ilegal. Ahora mismo hay una barrera de soldados con armas modernas, y siguen entrando haitianos ilegales al país. Pasará lo mismo con un muro. Sobre ese monumento de piedra y cemento actuaran hombres con todas sus imperfecciones. Los organismos internacionales y las grandes potencias quieren que la Republica Dominicana eche sobre sus hombros la crisis haitiana, lo cual es inaceptable. Haití tiene que ser para los haitianos. Que resuelvan ellos sus propios problemas, ¡Ay!, se me acabó la tinta.