Mario Rivadulla

La historia se repite cada año. La llegada del mes de diciembre es como la llave mágica que abre el candado del horario límite establecido para la venta de bebidas alcohólicas en colmadones, bares y sitios de expendio durante el resto del año, salvo los fines de semana. Y cada año provoca las mismas críticas y advertencias sobre el riesgo que se deriva de la consigna de bebentina por la libre y sin límite de tiempo como en los inolvidables espectáculos de lucha que nos ofrecía Jack Veneno.

Este año, no obstante, la oposición a la medida dispuesta por el Ministerio de Interior y Policía parece arreciar y cobrar mayor fuerza. Los argumentos que le sirven de base son tan abrumadores como convincentes. Ya no se trata de simples razonamientos sino de cifras rotundas que evidencian hasta que punto la exagerada ingesta de alcohol está estrechamente vinculada en elevada proporción a los accidentes de tránsito.

Hasta septiembre de este año, las estadísticas oficiales muestran que novecientas cuarenta y nueve personas habían perdido la vida debido al consumo excesivo de bebidas alcohólicas. La mayor parte corresponde a los fines de semana donde se liberan las restricciones de horario para el consumo. A esa razón corresponde también una elevada proporción de los accidentados que son llevados a los centros hospitalarios para ser atendidos, muchos de los cuales requieren de procedimientos y un extenso proceso de recuperación de elevado costo.

Tanto la Iglesia Católica, por vía del obispo auxiliar de Santo Domingo Norte, monseñor Jesús Castro Marte como los directivos del Clúster de Alcohol del Ministerio de Salud Pública han coincidido en rechazar el anuncio de apertura y extensión del horario de consumo de bebidas por parte del Ministerio de Interior.

El dignatario eclesiástico que lo califica de "insensato, irresponsable e inoportuno" afirma que son múltiples las razones que justifican se mantenga la limitación en el horario de expendio de bebidas alcohólicas, sobre todo en una época que por tradición está llamada a ser de encuentro familiar y de reflexión, (tradición que se ha ido debilitando cada vez, monseñor y no precisamente para mejor).

En tanto el representante del Clúster, Elías Tejeda, considera que antes de liberar el horario para la ingesta de alcohol etílico los fines de semana y ahora durante el mes de diciembre y hasta comienzos del próximo enero, Interior y Policía debiera ponderar las previsibles funestas consecuencias a partir de los datos que sirven de antecedente.

Otro dato a tomar en cuenta es que en tanto ocupamos el segundo lugar entre los países que registran una mayor cantidad de víctimas fatales en proporción al número de accidentes de tránsito, estamos situados en el séptimo en el ranking mundial de los países que consumen mayor cantidad de alcohol puro por habitante. En nuestro caso, 6.9 litros por persona.

En términos económicos el costo para el Estado de los accidentados por exceso de ingesta excesiva de alcohol consume buena parte del presupuesto de Salud Pública. En buen Español dado que se trata de recursos públicos significa que los contribuyentes somos los que a fin de cuentas terminamos pagando el costo de las borracheras.