Por Manuel Hernández Villeta

Los políticos son parte de las retrancas fundamentales que tiene el sistema de justicia en el país. Cuando están en el poder no hacen nada por adecentarla, y si se encuentran en la oposición, la desacreditan. Hay que llegar al momento que los jueces no sean escogidos al compás de las cuotas que se otorgan a los partidos políticos.

El sistema judicial tiene actos de corrupción, porque persisten fallas y es necesario enderezarlo. Ha caminado mejor en los últimos años, muchos jueces han sido sancionados por prevaricadores, pero se necesita más. Hay que llevar a la magistratura a profesionales para que actúen de acuerdo a su conciencia, sin compromisos con nadie.

Llegará el día, muy lejano por cierto, en que se escogerá a jueces en base a sus méritos propios. Su seriedad, su visión del mundo, su preparación académica, y no por el entorno y la fuerza de sus padrinos. Se han dado paso hacia la independencia del Poder Judicial, pero todavía tiene lagunas.

No le queda bien a un ex-presidente de la república plantear que la justicia es un estercolero. Lo primero sería preguntarle que hizo él para adecentar a la justicia. Los cambios en la justicia se tienen que hacer a muy largo plazo, razón por la cual si una administración no trabajo para hacerla funcionar, lo mejor que se hace es guardar silencio.

La idea de la calle es que la justicia está hecha para ser aplicada a los pobres, a los que no tienen partido, a los que carecen de grupos mediáticos que le den apoyo. Hay que ponerle la venda al estamento judicial, para que actué de acuerdo a la verdad y la objetividad.

Hay que elevar la moral de los aspirantes jueces, Hacerles comprender cuáles son sus obligaciones y sus deberes. Con ellos quedan atrás sus deseos personales, y pasan a ser los encargados de aplicar sanciones a los violadores. Nadie en una sociedad moderna puede aplicar justicia por sus manos. Obligatoriamente los linchamientos son actos de salvajismo.

El exceso de las autoridades, los llamados intercambios de disparos, son negadores de justicia. Sin un juicio oral, público y contradictorio nunca se determinara si una persona es inocente o culpable.

Sobre los hombros de los nuevos jueces, mujeres y hombres para el futuro, descansa que haya una judicatura donde la equidad y la aplicación responsable de la pena sea la acción diaria. El pueblo no es culpable de que la justicia sea un estercolero, sino los hombres públicos que no cumplieron con su deber. ¡Ay!, se me acabó la tinta.