Por Manuel Hernández Villeta

La polarización política hace casi imposible el surgimiento de una tercera fuerza. Queda una ventana abierta para que se rompa el bi-paridismo: que se produzca una división en el Partido de la Liberación Dominicana, con las candidaturas de Danilo Medina y Leonel Fernández.

Hoy lo que se vislumbra es el choque electoral entre el candidato del PLD y el que escoja el Partido Revolucionario Moderno. A pesar del choque entre Luis Abinader e Hipólito Mejía, no se ve una división y posterior formación de un frente propio orquestado por un candidato que pierda la nominación.

La única tercera fuerza electoral que podría tener fuerzas para hacer un buen papel, es el grupo liderado por Leonel en caso de una división morada. Los partidos restantes buscaran alianzas y no tentaran la suerte en solitario. De hecho, el Partido Revolucionario Dominicano apoyaría una reelección de Danilo Medina, pero podría ir solo si otro es el candidato.

El Partido Reformista Social Cristiano está en posición de negociar con el mejor postor. Podría ir aliado al Revolucionario Moderno, aunque su gran expectativa está en ser el nicho de donde se lance la candidatura presidencial de Leonel.

Lo cierto de hoy es que el bi-partidismo -viejo esquema que levantaron sectores norteamericanos para el país-, hoy es una realidad. Existe el bi-partidismo de la praxis, de las posibilidades de ganar o hacer un buen papel en los comicios. Hay una crisis entre los emergentes, y ello lo minimiza.

Es lamentable que en el país no se haya podido orquestar un frente unitario de izquierda, que podría ser la tercera fuerza. De llevarse a cabo ese planteamiento, que no sería posible en estas venideras elecciones, las izquierdas podrían tener una posibilidades de hace un papel estelar en los comicios.

Es increíble que siendo la República Dominicana cuna de la revolución democrática del 1965, la izquierda sea hoy un simple reflejo de intelectuales de peñas en centros comerciales. Cierto que en los doce años de gobiernos del doctor Joaquín Balaguer a la izquierda se le pulverizó, pero ha tenido tiempo de sobra para reagruparse.

La atomización, el deseo de liderazgo, la falta de objetividad en analizar los hechos nacionales, han hecho difícil y prácticamente imposible, el forjar un fuerte movimiento de izquierda. Hoy más que nunca las luchas sociales están durmiendo la siesta, con las manos atadas, e imposibilitadas de plantear una jornada de lucha para la toma del poder. ¡Ay!, se me acabó la tinta.