EL TIRO RAPIDO

La pasada semana saludamos y comentamos como positiva la propuesta del doctor Julio César Castaños Guzmán, rector de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), de llevar a la mesa de diálogo a los principales actores del sistema nacional de salud, entiéndase autoridades de Salud Pública y dirigencia del Colegio Médico Dominicana.

La agenda a tratar: establecer las causas de los elevados índices de muertes maternas y neo-natales y elaborar y poner en práctica una estrategia efectiva para reducirlos. No haberlo logrado hasta ahora ha sido uno de los objetivos incumplidos por el país de las llamadas metas del milenio.

Hasta ahora, reiterado de año en año, tanto Salud Pública por una parte como los médicos por otra, se han estado acusando mutuamente de ser responsables de esa persistente y fúnebre estadística, que este año vio crecer de manera significativa la cantidad de muertes de niños, de los cuales más de un setenta por ciento en edad de 0 a 29 días de nacidos.

La primera acusando a los galenos de no cumplir con los protocolos establecidos y los segundos atribuyendo el problema a la falta de insumos y equipos en las maternidades. Lo más penoso de todo es que se estima que hasta tres cuartas partes de las muertes ocurridas eran prevenibles. Más claro: no debieron suceder de haberse aplicarse el método de atención establecido.

La sensata propuesta del doctor Castaños Guzmán, quien además de docente es un destacado profesional de la medicina, ha recibido cálida acogida como era de esperarse. El problema no es de distribuir culpas y lavarse las manos como Pilatos, sino de buscar y aplicar soluciones. Y esto solo es posible lograrlo si las autoridades del Servicio Nacional de Salud, a cargo de todo el sistema hospitalario público y la clase médica de servicio en las maternidades trabajan en armonía y común acuerdo en la aplicación de una estrategia común.

Esta debe comprender por un lado el adecuado equipamiento y suministro de los hospitales, y por el de los los médicos, debidamente entrenados, poner su mayor empeño en la atención a madres, recién nacidos y menores aplicando rigurosamente los protocolos que permitan preservar sus vidas.

En este sentido hay que saludar el anuncio del doctor Chanel Rosa Chuppany, director del Servicio Nacional de Salud, de que será aplicada la metodología establecida, la cual incluye planes de mejoras en los centros hospitalarios, equipos para mejorar el servicio de oxígeno a prematuros, la contratación de diez médicos familiares y la designación de otros diez para reforzar la atención profesional en los 20 hospitales donde se registra la mayor cantidad de nacimientos.

Adicionalmente ya ha comenzado a prestar servicios de observación un personal seleccionado y capacitado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia cuya misión es velar porque se cumplan de manera cabal los protocolos de asistencia a las madres y sus bebés recién nacidos.

De esperar que estas medidas y la buena disposición y colaboración del personal médico que presta servicios en el sistema hospitalario contribuyan de manera efectiva a que se pueda reducir de manera significativa tanto la mortalidad materna como neo-natal e infantil, y que no tengamos que seguir lamentando en el futuro la pérdida de vidas cuyas muertes pudieron evitarse.