Por Manuel Hernández Villeta

Ningún partido político en la República Dominicana tiene la fuerza y los militantes suficientes para ganar unas elecciones nacionales. Los activistas políticos en el padrón son una minoría en lo que se refiere a la intención del voto. El que busque ganar con seguidores afiliados está en un error.

Para ganar unas elecciones generales hay que motivar a la clase media, a los empresarios y a la minoría silente. Ninguno o la casi total mayoría está inscrito en un partido político. Por tradición cultural y hasta por la represión en épocas pasadas, se le ha inculcado que votar es un deber ciudadano.

Para esa mayoría silente o que se parapeta en organismos de la sociedad civil, las elecciones solo tienen importancia una semana antes de las votaciones, y el día de echar el voto. Es su zafra particular. Los empresarios votan en una gran mayoría por exoneraciones, por contratas o facilidades y los pobres por los pica pollo, un par de cientos de pesos y la botella de agua ardiente.

Nadie vota en este país por convicción o ideología. Ni siquiera los principales partidos tienen dentro de su sistema de trabajo elaborar un programa de gobierno, o explicar sus puntos de vista en el ámbito ideológico. Es ofrecer, dar, y buscar la forma de obtener los votos.

Si tiene importancia que los partidos políticos con márgenes ganadores estén bien claro en que deben tener una maquinaria de acero, con militantes trabajadores de sol a sol, sin descanso y sin pautas. Ese ejército político es el que va a motivar al gran pueblo para que vote por un candidato determinado.

Pensar que dentro de las filas partidistas está asegurado el triunfo, es un infantilismo. Nadie tiene números, fuerzas, ni organización para con su solo estandarte ganar las elecciones en primera vuelta. La segunda, es una acción de cabildeos y encuentros de aposento, donde regularmente el que queda en tercer lugar es el que da el triunfo.

Esa segunda vuelta es la mayor fragilidad del proceso electoral, porque es cuando la minoría es el rey del proceso. Poco importan los números obtenidos en la primera vuelta, la decisión de lo que horas antes era una minoría insignificante, ahora puede dar la victoria.

El político de piel de cocodrilo sabe que los contrarios para la primera vuelta, son los potenciales aliados para obtener el triunfo en la segunda. Abrir heridas en las elecciones, es infectar, gangrenar y ver amputadas, las posibilidades del triunfo el día en que el voto es lo que cuenta. ¡Ay!, se me acabo la tinta.