Por Manuel Hernández Villeta

El movimiento obrero dominicano ha dado saltos y retrocesos. Es una historia de dificultades que van desde lucha abierta en las calles, hasta el economicismo burocrático. Hoy parece haber un despertar del sindicalismo, y surgen nuevas esperanzas para la clase obrera.

El grave pecado del sindicalismo de hace unos años, es que se convirtió en apéndice de partidos políticos, sobre todo grupos de izquierda, y en medio de la lucha social se olvidaron de reivindicaciones.

Por suerte el amarillismo no ha sido uno de los factores fundamentales de un movimiento obrero que luce en estos momentos débiles, y que necesita dar un gran salto para salvar errores e inercias que lo colocan al borde del desastre.

Ese movimiento obrero no ha sido capaz de sentar a la mesa de conferencia a los patronos, para conseguir un salario mínimo, no hizo los esfuerzos necesarios para que el seguro social no se desmoronara. Hasta se encuentra en el aire la conquista de las ocho horas de trabajo.

En la etapa de los doce años el movimiento obrero dominicano era fuerte y poderoso. Chocaba de frente con el régimen y sus pronunciamientos eran vibrantes. Pero se perdió también en las consignas de los frentes políticos que eran movidos por intereses de los bloques socialistas.

Esa pujanza del movimiento sindical no se pudo mantener cuando las tensiones partidistas pasaron. Se podría pensar que la fuerza de las organizaciones sindicales era de enfrentar al doctor Joaquín Balaguer, y nada más.

Paso con muchos de los partidos políticos dominicanos que su frente de lucha central era el doctor Balaguer, y cuando este se fue esfumando, ellos desaparecieron, o por lo menos quedaron sin consignas. Hoy, el sindicalismo cae en lo económico y su lucha es por reivindicaciones de su clase.

Hay una ola unitaria y eso es importante. Siempre el movimiento obrero dominicano ha estado dividido, razón por la cual es hora de aplaudir que ahora florece la unidad, debe de ser aplaudida. Con una sola consigna y unidos, dentro de sus diversidades sociales y hasta ideológicas, se puede conseguir mucho.

La principal consigna de lucha debe ser las reivindicaciones salariales, el mantenimiento de las mínimas conquistas que están en ese maltrecho código de trabajo que se debe modificar, seguridad social y viviendas para todos los trabajadores, y sobre todo niveles dignos de vida para toda la población nacional. ¡Ay!, se me acabó la tinta.