Por Manuel Hernández Villeta

El aumento en la leche entraña un serio problema de desborde en la economía popular. Los precios fijados están por debajo de lo que reclamaban los ganaderos, pero todavía así, desatará una tormenta en la canasta familiar.

Sería incontable proceder ahora a destacar los sub-productos elaborados con la leche, y que obligatoriamente van a subir de precio. Solo se habla de que los ganaderos están perdiendo y que no pueden seguir trabajando de esa forma. Pero está claro que quien va a sustentar los precios finales son los consumidores.

El gobierno tenía por todos los medios posibles que tratar de evitar que se fijara un aumento en los precios de la leche comprada en finca. Esperan en las próximas semanas aumentos en la leche, el queso, el yogurt, los dulces, y todos los artículos elaborados con ese líquido.

El ministro de Agricultura señaló que no era competencia del gobierno obligar a los empresarios privados a fijar precios de sustentación. Cierto, en una sociedad de libre comercio los precios de los comestibles suben y suben de acuerdo con la oferta, la demanda, y la especulación.

El consumidor no tiene quien lo proteja, y con el aumento en los precios de sustentación de la leche así se demuestra. El ligero aumento salarial ya comenzó a sufrir bajas sensibles. Otros productos también van a ser reajustados el mes próximo, y nadie lo podrá evitar. Muchos organismos oficiales que dicen velar por la protección del consumidor, solo sirven para lograr titulares en los periódicos.

Para proteger la economía popular todavía es posible que lleguen a un acuerdo los empresarios agropecuarios, los procesadores y distribuidores y el gobierno. Aumentar precios de sustentación de ese preciado líquido es un golpe demoledor al bolsillo de los pobres, los clase media y hasta los medianamente adinerados.

Tenemos conocimiento de todos los problemas que enfrentan los ganaderos, y los riesgos que tiene explotar ese renglón. Por eso se tenían que considerar costos, incentivos, necesidades y no pensar en los aumentos puros y simples. Talvez por un instante era necesario que se preguntaran sobre que cualquier reajuste es para ser cargado al bolsillo de los consumidores.

Los inversionistas están para ganar dinero, pero también tienen que tener un rostro humano. Tienen que buscar fórmulas que les permita poder seguir operando y actualizando su sistema de producción, pero no se olviden de que los aumentos desproporcionados van en desmedro de la gran mayoría de dominicanos. A jugar limpio, sin perjudicar a los más necesitados, a todos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.