Por Manuel Hernández Villeta

La historia dominicana ha estado jalonada por las dictaduras férreas, los hombres puño de hierro y el cercenamiento de las libertades. Pero siempre dijo presente, en esos momentos tenebrosos del uso del poder desbordado, la capacidad de lucha sin cuartel por el mantenimiento de la libertad.

Si se estudia la historia dominicana libre de apasionamientos, en base a realidades, se verá que en muy pocas ocasiones hemos sido un pueblo libre e independiente, con gobiernos respetuosos de los derechos humanos y de la vida.

Detrás y después de cada uno de los hechos históricos que han dado valor institucional, republicano y democrático a nuestro país, se levanta la mano de hierro y nos arropa el viento negro del terror.

La independencia nacional fue proclamada de Haití en el 1844, y a fuego y sangre se fundó la República Dominicana, pero a los pocos meses del grito del baluarte de El Conde los independentistas estaban deportados, encarcelados o fusilados.

El hatero Pedro Santana pisó con sus sandalias sucias de estiércol la bandera nacional, y sobre la sangre de los patriotas promulgó la primera Constitución. No fue la Carta Magna de la independencia, sino el texto favorito del grupo que luego sería anexionista.

La que se llama la segunda independencia, la Restauración, logró sacar a los españoles, pero naufragó en medio de luchas intestinas, fusilamientos de patriotas, traiciones y dio paso a la férrea dictadura de Lilis. Ni la espada de la Restauración, Gregorio Luperón, pudo evitar que la dictadura golpeara a la incipiente democracia.

Luego del golpe de Estado a Juan Bosch, se produjo el movimiento cívico-militar que fue la revolución constitucionalista, y la reacción de los Estados Unidos, disponiendo una intervención militar. De la sangre de patriotas de Abril, surge la noche negra de los doce años de Joaquín Balaguer.

Para no caer en faltas históricas, solo hay que ver el devenir del siglo 20: en los primeros 30 años se impusieron los gobiernos regionales y los generales de charretera de hoja de lata y uniformes de tela de macario. Trujillo y Balaguer se llevaron más de 50 años en el Palacio Nacional, y ocurrieron dos intervenciones militares norteamericanas.

Para ver lo que trae el futuro dominicano hay que mirar al frente y seguir luchando por la institucionalidad y la democracia. Sin embargo, es de rigor y obligatorio estudiar el pasado, para no cometer los mismo errores.

De mis viejos libros de Carlos Marx recuerdo un párrafo del "18 Brumario de Luis Bonaparte": "La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa". ¡Ay!, se me acabó la tinta.