El día despertó temprano y el rocío aún estaba presente en las flores y las verdes hojas. El sol abrió sus grandes ojos iluminando las calles que había humedecido la lluvia en la tarde anterior. El canto de los gallos apenas se auscultaba a través de las delgadas paredes de las casas de block y de madera.

La esperanza primaba en el ambiente y las ilusiones se impregnaban en el corazón de los amantes del promisorio futuro. El pueblo se levantó con la fe renovada y con la firme convicción de seguir sembrando y cosechando los frutos que alimentan los sueños de la gente que añora seguir siempre hacia adelante.

Los cánticos alusivos al esperado encuentro se escuchaban por doquier y las voces repetían una y otra vez la cercanía del momento. A mitad de la mañana las banderas moradas colmaron los espacios, y el frio viento las hizo ondear sin respiro. Una amarilla constelación se insinuó sobre luceros vespertinos y los blancos deseos se ocultaron de manera abrupta hasta perderse en la lejanía del tiempo.

Las voluntades se sumaron uniformemente y se repletaron las intenciones de preservar y engrandecer aún más las metas alcanzadas. Los tambores sobresalían y apasionadas consignas se escuchaban desde conglomerados que agitados, señalaban todos al mismo tiempo, la presencia del hombre que decidió casarse con la historia.

El sonreía levantando ambos brazos y movía sus manos repetidas veces mientras los convocados reciprocaban el gesto lanzando vítores que conmovieron su corazón. Nada impidió sus deseos de abrazar y tocar el rostro de un niño que enardecidamente gritaba su nombre.

El olor del chivo asado se sentía intensamente y a lo lejos, las olas del atlántico susurraban al oído de los pescadores que detuvieron sus yolas para escribir en la arena las siglas del progreso. El solidario Manifiesto llegó a su memoria y Manolo le habló casi en silencio.

A su paso, trabajadores que asfaltaban la larga carretera le saludaban y aplaudían sin descanso. El grito de capotillo hizo armonía con las melodías que animaban el espíritu de la inmensa masa humana que en hileras ocupaban las orillas. El calor de la frontera fue mitigado por las alegres caderas que de forma candente se movían al ritmo de merengue, bachata y reggaetón.

Los vacunos se saciaban del extenso pasto. Con casabe, banano, arroz y leche se contempla el bello atardecer de donde se encendió la chispa restauradora e independentista.

En las postrimerías del día, el sol se duerme y una manada de estrellas acompaña a la luna en la obligada tarea de dar luz a la alegría que resulta del merecido éxito. La noche aún conserva su virginidad y todavía queda espacio para compartir una vez más el firme deseo de hacer lo que nunca se hizo.

La convergencia del norte y el oeste en la Republica Dominicana es uno de los puntos de partida mas importantes para llegar a la cima y a la gloria. A Danilo, afable, mesurado y prudente, el noroeste lo hizo suyo.

Santiago Rodríguez, R. D.

4 de diciembre del año 2011.