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Por Manuel Hernández Villeta

Hay un espacio de ocho años que será traumático para todos los partidos políticos. Es la franja del primero al tercer voto. Es como sintonizar con la mentalidad de los jóvenes que van desde los 18 hasta los 25 años. Es una capa amorfa, que en la mayoría de las ocasiones no les interesa el partidismo.

Los jóvenes de las décadas de la lucha callejera, valga decir luego de la revolución de abril y en los doce años del doctor Joaquín Balaguer, tenían claro su horizonte, que era luchar por reivindicaciones sociales.

Aviesamente se ha dicho que fueron décadas perdidas, y no fue así. La juventud luchó por cambios, y ofrendó su vida en esa búsqueda, sin que se sincronizaran. Todo fracasó, el sistema se impuso, y los que quedaron vivos se metieron al sistema.

Es totalmente diferente la juventud de hoy, a la que se lanzó a la revolución del 1965. Estamos en un mundo del internet, de la globalización, donde los chicos tienen los pies en la República Dominicana y la cabeza en los Estados Unidos, o Europa.

No es con el discurso tradicional que se podrá atraer a los jóvenes a votar por primera, segunda o tercera vez. La política no le ofrece nada. En la calle, piensan muchos, tienen lo que ofrece el terreno político. La delincuencia se va adueñando de los barrios, y cambiando líneas de trabajo.

Los jóvenes pobres y de clase media tienen los caminos cerrados, se ven sin futuro y sin esperanzas. Es de esa mezcolanza que surgen los soldados del crimen organizado. El futuro de estos muchachos no está en la carpeta de los políticos. La deserción escolar es pavorosa. No hay por venir garantizado para un adolescente que no sepa leer o escribir.

Un pica pollo y 500 pesos no garantiza el voto de esa juventud sin rumbo. Es que a la gran mayoría de los muchachos dominicanos no les interesa la política, solo un puñado está en esa onda. Salen corriendo del partidismo y prefieren las discotecas y el deporte.

Las redes de internet no la utilizan para política, sino para la chercha, para buscar pareja, para vender y para comprar. No conocen de programa de gobierno, ni de alianzas, ni de primeros empleos, que nunca están a su alcance.

El primer voto y el primer empleo van por camino diferente. Aumenta la cantidad de jóvenes que llegan a la mayoría de edad y no le dan trabajo. Hay un ejército de analfabetos que no podrán pasar del salario mínimo, pero cientos de profesionales recién graduados se quedan repartiendo la hoja de vida, sin ser llamados a ocupar una silla.

Para los candidatos lo básico tiene que ser abrir el interés de los jóvenes en la política, que dejen a un lado su gran indiferencia, y entonces ver si los pueden atraer. Es posible lograrlo, pero es una terreno desértico, donde el presente es tormentoso y no se ve bien claro el futuro personal. Si es en base a promesas, la indiferencia continuará. ¡Ay!, se me acabó la tinta.