Por Narciso Isa Conde

Es cierto que el agua es vida y que el capitalismo, en su destructivo accionar por más ganancias, la privatiza y diezma sus fuentes, con trágicas consecuencias para la humanidad.

Pero es cierto, además, que la tierra para las familias del campo equivale al derecho al trabajo y a la vida; derecho abusivamente arrebatado por la privatización de ese prodigioso factor de la naturaleza, cuando el mismo es puesto al servicio del latifundio capitalista y del lucro insolente de sus mafias.

Escribo esto a propósito de mi interés de asumir como propio, y denunciar nueva vez por esta columna dominical, el indignante drama que sufren alrededor de 200 familias campesinas del Seíbo, desalojadas de 20 mil tareas cultivadas con amor; y, en consecuencia, esplendidas en producción de cacao, víveres, frutas...y en crianza de gallinas y cerdos.

Estuve con esos peregrinos en un lindo acto de solidaridad realizado el pasado martes en el parquecito Duarte, frente al ex-Convento de los Dominicos, en nuestra hermosa Ciudad Colonial, también vejada por el gran capital y la corruptela estatal.

El grito justiciero de Montesinos allí retumbaba. Seres humanos con 50, 40, 30 y 20 años cultivando esas tierras comuneras, con derechos adquiridos (reconocido por decreto presidencial) describieron el cruel abuso perpetrado: amenazas, violencia, palos, tiros, policías, paramilitares, sangre, cárcel, muertes, despojo, destrucción de casas y conucos, crianzas en desbandadas, autoridades sobornadas, lagrimas, resistencia, peregrinaje a la Capital, asalto al campamento frente al Palacio Nacional, negociaciones y engaños.

Todo para favorecer un gusano, que lava dinero sucio para comprar tierras propiedad del Estado y del pueblo, y por derechos reconocidos, tierras pertenecientes a quienes la usufructúan y trabajan; un gusano que los despojó, en contubernio con este régimen, para crear un latifundio privado de 20 mil tareas, violando la ley de latifundio que establece que en tierras cultivables no se puede poseer más de 1,500 tareas.

El invasor ilegal es él, como tantos otros latifundistas que ocupan gran parte de las tierras productivas del país. Y en casos así es obligado recordar a Mamá Tingo y Mr. Beca, y no olvidar a Orlando Martínez, el valiente y talentoso periodista, formidable intelectual comunista, que defendió con tesón el derecho campesino a recuperar las tierras ocupadas por terratenientes tan crueles y desalmados como ese gusano.

No cedan muchachos/as. No confíen en este sistema malvado. Ni se dejen engañar o mal aconsejar. La dignidad y valor mostrado tienen demasiada trascendencia para dejarse tentar por la trampa endulzada o la vacilación inducida. ¡Ni un paso atrás!

Domingo 22-12-2019