A Pleno Sol

La terrible marginalidad

Por Manuel Hernández Villeta

Se debe lograr un pacto y una acción nacional, para controlar la marginalidad. Uno de los grandes monstruos que ataca el futuro nacional, es el crecimiento indetenible de los barrios marginados. Entre el segmento poblacional que supervive allí, se cuecen todos los males sin control de la sociedad.

Dentro del marco sico-politico actual luce casi imposible poder eliminar los barrios miserables. El norte de este amago de capitalismo es la exclusión y una riqueza sin rostro humano. La marginalidad no se acaba con decretos, sino con medidas de corte social, mejorando los niveles económicos de la población.

Si se va a cualquier barrio marginado de Santo Domingo, o cualquier otro sitio importante del país, se observaran las condiciones en que viven sus moradores, en cuchitriles inmundos, que guardan similitud con los barracones donde se hacinan los braceros haitianos en los bateyes de caña o en las zonas de recolección de café, cacao y plátano.

Tiene la marginalidad un alto contenido de explosión social, aunque ahora mismo sea un volcán apagado. Los niños no reciben educación, por lo tanto al llegar a la adultez se encontraran incapacitados para poder desempeñar cualquier oficio. Ello redundara en seguir ampliando el círculo miserable.

Las jovencitas son seducidas por una comida, o por promesas malsanas de mejoría. A los quince años, casi todas las moradoras de los sectores periféricos, se encuentran embarazadas y sin compañeros. Ya se pueden imaginar cual será el futuro de una madre soltera adolescente y analfabeta. Ahí está el escenario perfecto para que surja la violencia.

La punta de lanza del crimen y el narcotráfico está entre esa población de vida miserable. La única forma que muchos de ellos ven, es enrolarse en grupos criminales para tratar de conseguir dinero para poder subsistir.

Para poder orquestar una amplia acción para la prevención de la violencia, del micro-tráfico de drogas, de la prostitución y de los asaltos, hay que planificar el control de los barrios marginados. Sin medidas de corte social es imposible que se le quite el espolón a una granada a punto de estallar.

Hay que formalizar un pacto nacional entre los empresarios,el gobierno, la sociedad civil y los partidos políticos, para iniciar una acción tendente a ir a mejorar los niveles de vida de los barrios marginados, donde agonizan millones de personas que han perdido toda la esperanza.

Son los sin empleos, que ni siquiera llegan al nivel del proletariado, son los más pobres de los pobres, los chiriperos, los busca días; las zonas de residencia de las trabajadoras domésticas, de los informales que al salir el sol piensan a donde buscaran el sostén de la jornada. Si no les restauramos las esperanzas, un día serán un volcán en erupción que se llevara todo a su paso. ¡Ay!, se me acabo la tinta.